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| La muerte de Sócrates - Jacques Louis David |
Son muchas las frases que han traspasado los límites de la filosofía y perduran en el imaginario colectivo. ¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de Solo sé que no sé nada o Pienso, luego existo?
Muchas de ellas tienen la capacidad de trascender el tiempo, de hacernos pensar y en ocasiones, apropiarnos de sus ideas e incorporarlas para pensarnos a nosotros mismos desde diferentes perspectivas.
A continuación repasamos cuatro frases célebres de la filosofía…
1 “Solo sé que no sé nada”- Sócrates
Todo lo que sabemos de Sócrates no surge de su escritura sino de Platón, su alumno. El tábano de Atenas (como el mismo Sócrates se apodaba) era famoso por su particular modo de hacer filosofía y eso lo llevó a pelearse con el poder ateniense. A tal punto, que lo detienen y enjuician por transmitir ideas subversivas.
En la Apología de Sócrates, Platón relata en forma de monólogo la defensa que hace su maestro ante los jueces. Allí, cuenta que un día su amigo Querefonte fue a visitar el oráculo de Delfos para saber quién era la persona más sabia de toda Atenas. A lo que el oráculo dijo: -Sócrates-.
No obstante, Sócrates no comprende por qué el oráculo lo elige a él y decide interpelar a aquellos que se autoproclaman sabios. Primero interroga a los políticos, luego a los poetas y por último a los artesanos, sin embargo todos resultan ser arrogantes y engreídos. Entonces, Sócrates llega a una conclusión, ¿Por qué el oráculo lo elige a él como al más sabio?
Porque Sócrates se da cuenta de que todos aquellos que se creen saber, en el fondo, no saben nada. Mientras que él, que parte de la idea de que no sabe, es quien resulta en realidad ser el más sabio. De ahí su frase Sólo sé que no sé nada. Pero no significa que Sócrates no sepa nada, sino que entiende que todo saber más que definitivo es provisorio, minúsculo ante lo que ignoramos.
Al final, Sócrates resulta culpable y los jueces le brindan la posibilidad de elegir su sentencia: la muerte o el exilio. el filósofo eligió la cicuta antes que el destierro...
2 “El fin justifica los medios” - Nicolás Maquiavelo
Sin dudas que buena parte de lo que circula en torno a la frase de Maquiavelo es que si el fin justifica los medios, entonces parecería que no habría ningún límite para alcanzar un fin. Entonces puedo asesinar a mis rivales, ser corrupto o desconocer los derechos de los demás si el fin es valioso. Parece que en parte sí, ¿Pero realmente la frase pretende eso? ¿Vale todo para alcanzar un determinado fin? ¿Cualquier medio resulta suficiente para lograr un objetivo?
Contextualicemos. Cuando Maquiavelo escribe El Príncipe, suceden dos cosas: Por un lado, la situación en Florencia durante 1512 es crítica. El ejército español rodea las murallas de Prato, los soldados están mal alimentados y sus víveres son escasos. A pesar de superar en número a los florentinos, el virrey español propone pedir alimento para sus tropas a cambio de no invadir la ciudad. No obstante, Piero Soderini, líder de Florencia rechaza el trato y un día después los españoles atacan Prato donde mueren más de 4000 personas.
Tras la invasión, la familia Médici vuelve a Florencia y Maquiavelo es enviado al exilio. Es en ese contexto de frustración y desánimo, que escribe El Príncipe dedicado (¿irónicamente?) a Lorenzo II de Médici, quien justamente, lo había encarcelado y desterrado.
Más allá de esto, la escritura de Maquiavelo apunta a dos cuestiones: condenar la decisión política de Soderini como un mal republicano, porque no supo comprender la situación desesperada en la que se encontraba. Su bondad y su paciencia no le permitieron tomar una decisión política correctamente. Maquiavelo entiende que en la política existen actos crueles que son indispensables realizar para mantener la libertad de la ciudad y evitar así la corrupción como le ocurrió a Soderini.
Por otro lado, Maquiavelo quiere mostrarle a Lorenzo II de Médici cómo debe desempeñarse si es que quiere unificar Italia y sacarla de la crisis.
La idea de que el fin justifica los medios puede ser entendida como una disposición actitudinal a realizar todo aquello que sea necesario para alcanzar la gloria y la grandeza cívica y preferir el bien común sobre el bien individual. Y, no necesariamente significa que uno deba cometer actos repudiables para alcanzar un objetivo, sino cuando la situación o el contexto político lo amerite.
3 “Pienso, luego existo”- René Descartes
Cuenta Descartes, al inicio de su Discurso del método, que en la madrugada del 11 de noviembre de 1919, estando en Alemania el invierno lo obligó a permanecer todo el día encerrado, pero con la tranquilidad suficiente como para pensar.
Esa misma noche, al calor de una estufa, tuvo tres sueños que lo despertaron. Los dos primeros le hicieron sentir miedo pero el tercero, al menos lo creyó él, le reveló algo: determinar si existe algún conocimiento indudable que pueda servir como principio fundamental.
¿Cuánto de lo que conocemos es realmente verdadero? se pregunta el filósofo francés. Mi método es simple, dice, se debe dudar de todo saber que pueda ser cuestionado a través de la duda, entonces no es conocimiento verdadero. En otras palabras, se trata de buscar un conocimiento válido, pero para alcanzar ese conocimiento válido se debe dudar de todos los saberes que se presentan como tales para llegar a un saber indubitable.
Es entonces que Descartes parte de todos los saberes de ese momento y los pone en duda. Si alguno logra sobrevivir a la duda, entonces ese saber posee una certeza. Pero ahora bien, ¿Cuál es el primer saber que tomamos como cierto y no dudamos?, se pregunta. El saber de los sentidos.
En nuestra vida estamos convencidos de que los sentidos nos ofrecen una verdad, sin embargo lo que sabemos desde ellos puede no ser cierto, dice Descartes, porque podemos estar durmiendo. No existe la manera de distinguir cuando estamos dormidos y cuando no. Podemos en este momento estar durmiendo y sin embargo estar soñando. Ninguna persona posee la clave para resolver si somos esto o en realidad una ensoñación. De esta manera, todo argumento que tenga que ver con los sentidos es dudable porque estos resultan incapaces de brindar una certeza. Por eso, para Descartes, no podemos confiar en el saber de los sentidos porque éstos nos pueden engañar.
Ahora bien, nos engañen los sentidos o no, sea esto un sueño o no, las leyes de la matemática y la lógica permanecen. En todo sueño dos más dos es igual a cuatro, sin embargo también puedo dudar de la matemática.
Podemos imaginar que existe un ser lo suficientemente malvado que no tenga otra intención que la de hacernos siempre el mal engañándonos en todo lo que nosotros suponemos que es de una manera, como por ejemplo creer que dos más es cuatro cuando en realidad puede no serlo. Por eso, para Descartes tanto el saber matemático y lógico no es seguro porque generan duda.
Entonces, si tanto los sentidos como el saber matemático y lógico no pueden brindar una certeza porque caen en la duda, ¿Existe realmente un conocimiento certero?
Descartes llega a una certeza y es que existe una sola cosa de la que no podemos dudar y es que estoy dudando. Nos engañe el genio maligno o no, nos engañen los sentidos o no, de lo que no podemos dudar es que estamos justamente dudando.
Dudar es una forma de pensar y si pensamos entonces es que existimos. Mientras pensamos que no podemos estar seguros de nada, sólo de una cosa sí podemos estarlo y es que estamos dudando. Por lo que, si dudo y pienso, es porque entonces existo.
4 “Dios ha muerto” - Friedrich Nietzsche
La filosofía de Nietzsche es una filosofía que, después de casi 150 años de haber sido escrita, sigue muy vigente. Su filosofía nos permite pensar no solo el lugar de la humanidad en el mundo, sino el mundo en su totalidad. Disrumpe provocativamente, nos ofrece una manera completamente diferente de pensar la realidad tal como la tradición filosófica de Occidente la venía pensando hasta ese momento.
El libro Así habló Zaratustra es un libro que Nietzsche lo escribe entre 1883 y 1885 y se lo puede interpretar como una parodia del Nuevo Testamento cristiano en el que el Zaratustra vendría a ser una especie de Jesús nietzscheano que viene a predicar.
Es muy fácil asociar a Nietzsche con el ateísmo, sobre todo, por su famosa formulación acerca de la muerte de Dios. Sin embargo, si hay algo que Nietzsche no es, es que no es un ateo porque su filosofía es una filosofía que cuestiona las certezas y un ateo tiene una certeza, que Dios no existe.
En Nietzsche es otro el panorama. Es un pensador que nos arroja al revés, es decir, no apunta a la construcción de un sentido, sino más bien a la demolición de todo sentido para arrojarnos en un sinsentido originario. De ahí que su filosofía sea conocida también como filosofía del martillo.
El Zaratustra es una especie de profeta y es el protagonista principal de la obra de Nietzsche que, a los 30 años, tiene como una revelación. Se instala en un monte a pensar, allí está diez años, hasta que siente- dice el texto- que está listo para venir a dar. A dar significa a instruirnos, a hacernos pensar, a provocarnos.
En cierto tiempo, Zaratustra regresa a la ciudad y llega al mercado a presentar al Superhombre, pero también viene a decir algo peor: Estamos viviendo los tiempos del último hombre. Este último hombre, cuando Zaratustra lo describe, está describiendo a la gente que le está hablando. Allí también les dice: Quédense tranquilos, que ya llega el superhombre para que todos podamos salir de esta prisión y pasar a ser otra cosa. Pero, ¿Qué hace la gente del mercado? Le responde que no, que todavía prefieren al último hombre.
La gran crítica que en todo Zaratustra le hace Nietzsche a la idea de humanidad es su creencia de que es algo definitivo, cerrado, absoluto que ha olvidado su contingencia y finitud para seguir grandes valores entendidos como verdades absolutas. Ante este espectáculo en donde el Zaratustra es ignorado por la gente es que dice su famosa frase Dios ha muerto
Quizás sea una de las frases más famosas e importantes en toda la obra de Nietzsche. La misma aparece en dos momentos, al inicio y al final del Zaratustra. Ahora bien, ¿Qué significa realmente la frase Dios ha muerto? ¿Quiere decir que efectivamente dios murió?
En algún momento de la historia, dice Nietzsche, la humanidad necesitó crear un principio ordenador para tolerar y soportar la incertidumbre de una existencia que siempre se nos escapa de las manos. Pero, para que la metáfora de Dios funcione, el hombre tuvo que olvidarse de que justamente era una metáfora. Porque si el hombre fue quien creó la metáfora de Dios para calmarse, pero al mismo tiempo entiende que es una creación propia ésta no funciona. Por eso, se hizo culturalmente la idea de un dios autónomo y trascendente al humano como plantean la mayoría de las religiones.
En otras palabras, para Nietzsche, Dios no es más que una metáfora creada por el hombre. La muerte de Dios simboliza la caída de todos los valores y verdades absolutas heredados por la cultura occidental, incluida la idea misma de Dios.
Conclusión
Toda frase filosófica no es una frase soltada al viento porque sí, sino que cada una engendra un significado interior que apunta al replanteo constante de nuestra existencia y de la realidad. Busca conmover, zamarrear, visualizar y pensar desde otra mirada todo aquello que se nos presenta como obvio e incuestionable.