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domingo, 30 de junio de 2024

La filosofía presocrática, un recorrido por las raíces del pensamiento filosófico


¿Alguna vez te preguntaste de dónde proviene el pensamiento filosófico? Bueno, el camino hacia las raíces del pensamiento filosófico comienza con la filosofía presocrática. En este artículo, exploraremos esta fascinante corriente filosófica que sentó las bases del pensamiento occidental como lo conocemos hoy en día.


¿Qué es la filosofía presocrática?


Los filósofos presocráticos, que florecieron en la antigua Grecia entre los años 600 y 400 a.C., se ocuparon de preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la realidad, el origen del universo y la existencia misma. Sus teorías y conceptos innovadores sentaron las bases del pensamiento filosófico, científico y matemático, y allanaron el camino para las escuelas filosóficas posteriores como el platonismo y el aristotelismo.
    Pensadores como Tales de Mileto, Heráclito, Parménides y muchos otros, desafiaron las explicaciones mitológicas y buscaron respuestas racionales y empíricas a las preguntas fundamentales de la existencia humana.

Los conceptos fundamentales de la filosofía presocrática


La filosofía presocrática, como bien su palabra lo indica, tiene su origen con los primeros pensadores griegos que estuvieron antes de la existencia de Sócrates o que fueron contemporáneos a él pero no compartían su método para hacer filosofía. 
    Esta filosofía se caracteriza por su enfoque en la naturaleza y la explicación racional del mundo. Los filósofos presocráticos buscaban comprender los principios fundamentales que subyacen en el universo y proponían diversas teorías y explicaciones sobre la naturaleza y el origen de todas las cosas. Algunos de los conceptos fundamentales explorados por estos pensadores incluyen el arjé, la physis y el logos.

  • Arjé: se refiere al principio o sustancia fundamental de todas las cosas. Los filósofos pre-socráticos se preguntaban qué era lo que constituía la base de la realidad y propusieron diferentes arjé, como el agua, el aire, el fuego o el ápeiron. Estos principios eran considerados como la esencia última y primordial de todas las cosas. 
  • Physis: hacía referencia a la naturaleza o el orden cósmico. Los filósofos presocráticos estaban interesados en descubrir las leyes y regularidades que gobernaban el universo y en comprender cómo funcionaba la naturaleza. Para ello, la physis era la fuente de todas las cosas y su estudio permitía comprender la realidad en su totalidad.
  • Logos: era entendido como la razón y el principio ordenador del mundo. Los filósofos presocráticos creían en la capacidad de la razón humana para comprender y explicar el mundo que nos rodea. Consideraban que a través del uso de la razón y la observación, era posible llegar a conocimientos verdaderos sobre la realidad.
    Estos conceptos fundamentales sentaron las bases para el desarrollo de la filosofía occidental posterior y fueron desarrollados por estos primeros filósofos a través de sus teorías y argumentos.

Los principales filósofos presocráticos


    La filosofía presocrática fue desarrollada por diversos filósofos, cada uno con sus propias teorías y enfoques. 
Algunos de los filósofos pre-socráticos más destacados son Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Parménides, entre otros. A continuación vemos cómo pensaban cada uno de ellos.
    Tales de Mileto fue considerado el primer filósofo y propuso que el principio fundamental de todas las cosas era el agua. Creía que el agua era el origen y la causa de todas las cosas y que todas las sustancias se derivaban de ella.
    Anaximandro, por otro lado, propuso que el principio fundamental era el ápeiron, una sustancia infinita e indeterminada. Consideraba que todas las cosas provenían de esta sustancia y que eventualmente volverían a ella.
   Heráclito, conocido por su famosa afirmación de que "todo fluye", creía que el cambio era fundamental en el universo y que todo estaba en constante transformación. Sostenía que el fuego era el principio fundamental que generaba este cambio constante.
    Parménides adoptó una postura opuesta a la de Heráclito. Sostenía que el cambio era una ilusión y que solo la realidad inmutable y eterna era verdadera. Según Parménides, la realidad era una esfera inmóvil y perfecta.
    Estos son solo algunos ejemplos de los filósofos presocráticos y las teorías que propusieron. Cada uno de ellos contribuyó de manera significativa al desarrollo de la filosofía y dejó un legado duradero en la historia del pensamiento.

La influencia de la filosofía presocrática en la historia del pensamiento


La filosofía presocrática es de vital importancia en la historia del pensamiento ya que sentó las bases para la filosofía occidental posterior. Estos pensadores antiguos fueron los primeros en buscar explicaciones racionales y sistemáticas sobre la naturaleza del mundo y plantearon preguntas fundamentales sobre la existencia y la realidad.
    A través de sus teorías y argumentos fundamentales fueron retomados y desarrollados por filósofos posteriores, como Platón y Aristóteles, y continúan siendo objeto de estudio y reflexión en la filosofía contemporánea.
    La filosofía presocrática también tuvo un impacto en otras áreas del conocimiento, como la ciencia y la religión. Sus teorías sobre la naturaleza y el orden cósmico sentaron las bases para el desarrollo de la ciencia moderna, mientras que su enfoque en la razón y la búsqueda de la verdad influyó en el desarrollo del pensamiento racional y crítico.
    En resumen, la filosofía presocrática fue un punto de inflexión en la historia del pensamiento, marcando el comienzo de la reflexión filosófica occidental. Sus teorías y conceptos aún continúan siendo relevantes en la actualidad.

Críticas y controversias en torno a la filosofía presocrática


Aunque la filosofía presocrática ha sido ampliamente estudiada y apreciada, también ha sido objeto de críticas y controversias. Algunas de las críticas más comunes se refieren a la falta de evidencia empírica en las teorías presocráticas y a la falta de rigor científico en sus argumentos.
    Dado que los presocráticos se centraron en la explicación racional y especulativa de la realidad, sus teorías a menudo carecían de evidencia empírica que respaldara sus afirmaciones. Esto ha llevado a algunos críticos a considerar sus teorías como meras especulaciones sin base sólida.
    Además, algunos críticos argumentan que las teorías presocráticas carecían de rigor científico. A diferencia de la ciencia moderna, que se basa en la observación, la experimentación y la verificación empírica, los filósofos presocráticos se basaban en la razón y la especulación para establecer sus teorías. Esto ha llevado a cuestionamientos sobre la validez y la confiabilidad de sus argumentos.
    A pesar de estas críticas y aunque algunas de sus teorías pueden haber sido refutadas o superadas por el avance del conocimiento científico, su contribución al desarrollo del pensamiento filosófico es innegable.

La importancia de la filosofía presocrática en la actualidad


A pesar de haber sido desarrollada hace más de dos milenios, la filosofía presocrática sigue siendo relevante en la actualidad. Estudiarla nos permite comprender las raíces de la reflexión filosófica y apreciar la evolución del pensamiento a lo largo de la historia.
    La filosofía presocrática también nos invita a cuestionar nuestras propias creencias y a reflexionar sobre las preguntas fundamentales de la existencia y la realidad. Su enfoque en la razón y la búsqueda de la verdad nos anima a desarrollar un pensamiento crítico y a no aceptar dogmas sin cuestionarlos.
    Además, nos ofrece una visión única del mundo y de nuestra relación con él. A través de sus teorías sobre la naturaleza y el orden cósmico, nos invita a contemplar la belleza y la complejidad del universo y a reflexionar sobre nuestro lugar en él.


Conclusión


En resumen, estudiar la filosofía presocrática nos puede permitir adentrarnos en las raíces del pensamiento filosófico occidental y apreciar la importancia de la razón y la búsqueda de la verdad en la búsqueda del conocimiento. Su legado perdura en la filosofía contemporánea y nos invita a seguir reflexionando sobre las preguntas fundamentales de la existencia humana.




lunes, 24 de junio de 2024

El método socrático, una poderosa herramienta filosófica



En este artículo exploraremos en profundidad el método socrático, una poderosa herramienta filosófica que ha impactado en la forma que pensamos y nos relacionamos con el conocimiento.

    Este método, desarrollado por el famoso filósofo griego Sócrates, buscaba alcanzar la verdad a través del diálogo crítico y cuestionador. Por medio de preguntas reflexivas, Sócrates impulsaba a sus discípulos a examinar sus creencias y llegar a conclusiones lógicas y valiosas por sí mismos.

    En esta guía, nos sumergiremos en los principios fundamentales del método socrático y cómo este enfoque puede ayudarnos a desarrollar un pensamiento crítico más sólido, cuestionar nuestras suposiciones y a desafiar nuestros propios conceptos preexistentes.


El Método socrático


Hacia finales del siglo IV a. C, los sofistas dominaban el escenario intelectual ateniense. Este grupo de filósofos y educadores se ganaban la vida instruyendo y enseñando a los jóvenes y en aquella época se habían ganado su fama por dos cuestiones. 

    En primer lugar, a diferencia de los sabios de antaño, los sofistas no impartían el saber a sus discípulos por mero placer, sino que cobraban y vivían de ello. Es decir, eran profesionales de la enseñanza y, aunque en la actualidad esto no parezca tan grave, para la época era considerado un escándalo.

    En segundo lugar, la educación que ofrecían los sofistas no tenía como principal objetivo descubrir o alcanzar la verdad, más bien su finalidad era adquirir y perfeccionar las técnicas de la retórica para imponer el propio argumento independientemente de que éste sea verdadero o no, moral e inmoral. 

    En contraposición a esta forma de hacer filosofía, por esa época también circulaba marginalmente el método socrático, desarrollado por Sócrates y para aquel tiempo fue realmente una novedad. 

    Muy diferente a lo que pensaban los sofistas, Sócrates creía firmemente en la idea de la filosofía como un conocimiento interior o como una investigación introspectiva del hombre sobre sí mismo, dado que toda persona al tener capacidad de razonamiento, tiene acceso a su propia interioridad.

    Para ello, el instrumento predilecto de Sócrates para la búsqueda de la verdad y la reflexión crítica era el diálogo, pero no de modo casual, sino un tipo de diálogo dirigido a sus interlocutores cuestionando en primer lugar las certezas sobre las que se basaban sus opiniones y creencias. 

    El objetivo principal del método socrático es llegar a la verdad mediante la exploración y el cuestionamiento de las creencias y suposiciones existentes. Sócrates creía que al analizar y examinar nuestras propias ideas, podemos llegar a conclusiones más sólidas y valiosas.

      Mediante este método, Sócrates buscaba ayudar a los hombres guiándolos a que llegaran a la verdad racionalmente cuestionando sus propias convicciones y prejuicios.


Características principales del método socrático

El método socrático se caracteriza por su enfoque crítico y cuestionador. Algunas de las características principales de este método son:

  1. Diálogo: El método socrático se basa en el diálogo como herramienta principal para la búsqueda de la verdad. A través del diálogo, se fomenta la reflexión y el intercambio de ideas entre el maestro y el discípulo.

  1. Preguntas reflexivas: Sócrates utilizaba preguntas reflexivas para guiar a sus discípulos en su proceso de pensamiento. Estas preguntas desafiaban las creencias y suposiciones existentes, llevando a una mayor exploración y comprensión.

  1. Examen crítico: El método socrático implica un examen crítico de las ideas y creencias propias. Sócrates creía en la importancia de cuestionar todo lo que se da por sentado y buscar una comprensión más profunda.


Las etapas del método socrático


El método socrático puede dividirse en dos etapas. Una primera etapa “destructiva”, que consiste en desenmascarar los prejuicios y cuestionar las certezas incorporadas. 

    Una vez caídos los prejuicios, el filósofo podía iniciar la etapa “constructiva”, donde su objetivo no consistía en convencer al discípulo para que compartiera sus ideas (como hacían los sofistas), sino en estimular y guiar para razonar y formular sus propias consideraciones. 

Estas etapas incluyen:

  1. La Ironía: La idea de ironía socrática en nada se emparenta al uso que hoy se hace del término, sino con el disimulo como bien lo indica la etimología de su término. La ironía implica cuestionar las creencias y suposiciones del discípulo. Sócrates utilizaba la ironía para mostrar las contradicciones o inconsistencias en el pensamiento de sus alumnos. Todo esto servía también como un desenmascaramiento de los "falsos sabios", que los llevaba a contradecirse y a mostrar que aparentaban sabiduría.

  1. La Mayéutica: La mayéutica se refiere al proceso de "dar a luz" a nuevas ideas o conocimientos. La mayéutica en griego significaba en realidad la técnica de las matronas de traer al mundo a los niños. Es aquí evidente la referencia biográfica a la profesión de Fenáreta, la madre de Sócrates, quien ayudaba a las mujeres a dar a luz. De la misma forma, Sócrates se consideraba como un obstetra de las almas, ya que ayudaba a los hombres a dar luz con reflexiones críticas. A través de preguntas reflexivas, Sócrates guiaba a sus discípulos a llegar a nuevas conclusiones y comprender mejor los conceptos en discusión. 

  2. La Recapitulación: En la etapa de recapitulación, se resumen y revisan las conclusiones alcanzadas durante el diálogo. Sócrates buscaba asegurarse de que sus discípulos comprendieran y retuvieran el conocimiento adquirido a través del proceso de cuestionamiento. No obstante, la búsqueda siempre permanecía abierta. El hecho de no tener una respuesta acabada y taxativa al final de cada diálogo socrático nos deja como perplejos e insatisfechos y desengañados.

El método socrático y su relevancia hoy en día


El método socrático sigue siendo relevante hoy en día debido a su enfoque en el pensamiento crítico y la búsqueda de la verdad. A través de la aplicación de este método, podemos desarrollar habilidades de pensamiento más sólidas y llegar a conclusiones más valiosas.
    Preguntar, cuestionar y desafiar las ideas propias nos abre a un mundo de posibilidades y conocimientos que nos puede ayudar a crecer personal y profesionalmente.
    El método socrático nos espera para guiarnos en un viaje de descubrimiento y aprendizaje. 







lunes, 17 de junio de 2024

Cuatro frases famosas de la filosofía que debes conocer

La muerte de Sócrates - Jacques Louis David

Son muchas las frases que han traspasado los límites de la filosofía y perduran en el imaginario colectivo. ¿Quién no ha escuchado alguna vez eso de Solo sé que no sé nada o Pienso, luego existo
    Muchas de ellas tienen la capacidad de trascender el tiempo, de hacernos pensar y en ocasiones, apropiarnos de sus ideas e incorporarlas para pensarnos a nosotros mismos desde diferentes perspectivas. 
    A continuación repasamos cuatro frases célebres de la filosofía…

1 “Solo sé que no sé nada”- Sócrates


Todo lo que sabemos de Sócrates no surge de su escritura sino de Platón, su alumno. El tábano de Atenas (como el mismo Sócrates se apodaba) era famoso por su particular modo de hacer filosofía y eso lo llevó a pelearse con el poder ateniense. A tal punto, que lo detienen y enjuician por transmitir ideas subversivas. 
    En la Apología de Sócrates, Platón relata en forma de monólogo la defensa que hace su maestro ante los jueces. Allí, cuenta que un día su amigo Querefonte fue a visitar el oráculo de Delfos para saber quién era la persona más sabia de toda Atenas. A lo que el oráculo dijo: -Sócrates-. 
    No obstante, Sócrates no comprende por qué el oráculo lo elige a él y decide interpelar a aquellos que se autoproclaman sabios. Primero interroga a los políticos, luego a los poetas y por último a los artesanos, sin embargo todos resultan ser arrogantes y engreídos. Entonces, Sócrates llega a una conclusión, ¿Por qué el oráculo lo elige a él como al más sabio? 
    Porque Sócrates se da cuenta de que todos aquellos que se creen saber, en el fondo, no saben nada. Mientras que él, que parte de la idea de que no sabe, es quien resulta en realidad ser el más sabio. De ahí su frase Sólo sé que no sé nada. Pero no significa que Sócrates no sepa nada, sino que entiende que todo saber más que definitivo es provisorio, minúsculo ante lo que ignoramos. 
    Al final, Sócrates resulta culpable y los jueces le brindan la posibilidad de elegir su sentencia: la muerte o el exilio. el filósofo eligió la cicuta antes que el destierro...

2 “El fin justifica los medios” - Nicolás Maquiavelo


Sin dudas que buena parte de lo que circula en torno a la frase de Maquiavelo es que si el fin justifica los medios, entonces parecería que no habría ningún límite para alcanzar un fin. Entonces puedo asesinar a mis rivales, ser corrupto o desconocer los derechos de los demás si el fin es valioso. Parece que en parte sí, ¿Pero realmente la frase pretende eso? ¿Vale todo para alcanzar un determinado fin? ¿Cualquier medio resulta suficiente para lograr un objetivo?
    Contextualicemos. Cuando Maquiavelo escribe El Príncipe, suceden dos cosas: Por un lado, la situación en Florencia durante 1512 es crítica. El ejército español rodea las murallas de Prato, los soldados están mal alimentados y sus víveres son escasos. A pesar de superar en número a los florentinos, el virrey español propone pedir alimento para sus tropas a cambio de no invadir la ciudad. No obstante, Piero Soderini, líder de Florencia rechaza el trato y un día después los españoles atacan Prato donde mueren más de 4000 personas. 
    Tras la invasión, la familia Médici vuelve a Florencia y Maquiavelo es enviado al exilio. Es en ese contexto de frustración y desánimo, que escribe El Príncipe dedicado (¿irónicamente?) a Lorenzo II de Médici, quien justamente, lo había encarcelado y desterrado. 
    Más allá de esto, la escritura de Maquiavelo apunta a dos cuestiones: condenar la decisión política de Soderini como un mal republicano, porque no supo comprender la situación desesperada en la que se encontraba. Su bondad y su paciencia no le permitieron tomar una decisión política correctamente. Maquiavelo entiende que en la política existen actos crueles que son indispensables realizar para mantener la libertad de la ciudad y evitar así la corrupción como le ocurrió a Soderini. 
    Por otro lado, Maquiavelo quiere mostrarle a Lorenzo II de Médici cómo debe desempeñarse si es que quiere unificar Italia y sacarla de la crisis.
       La idea de que el fin justifica los medios puede ser entendida como una disposición actitudinal a realizar todo aquello que sea necesario para alcanzar la gloria y la grandeza cívica y preferir el bien común sobre el bien individual. Y, no necesariamente significa que uno deba cometer actos repudiables para alcanzar un objetivo, sino cuando la situación o el contexto político lo amerite. 




3 “Pienso, luego existo”- René Descartes


Cuenta Descartes, al inicio de su Discurso del método, que en la madrugada del 11 de noviembre de 1919, estando en Alemania el invierno lo obligó a permanecer todo el día encerrado, pero con la tranquilidad suficiente como para pensar.
    Esa misma noche, al calor de una estufa, tuvo tres sueños que lo despertaron. Los dos primeros le hicieron sentir miedo pero el tercero, al menos lo creyó él, le reveló algo: determinar si existe algún conocimiento indudable que pueda servir como principio fundamental. 
    ¿Cuánto de lo que conocemos es realmente verdadero? se pregunta el filósofo francés. Mi método es simple, dice, se debe dudar de todo saber que pueda ser cuestionado a través de la duda, entonces no es conocimiento verdadero. En otras palabras, se trata de buscar un conocimiento válido, pero para alcanzar ese conocimiento válido se debe dudar de todos los saberes que se presentan como tales para llegar a un saber indubitable.
    Es entonces que Descartes parte de todos los saberes de ese momento y los pone en duda. Si alguno logra sobrevivir a la duda, entonces ese saber posee una certeza. Pero ahora bien, ¿Cuál es el primer saber que tomamos como cierto y no dudamos?, se pregunta. El saber de los sentidos.
    En nuestra vida estamos convencidos de que los sentidos nos ofrecen una verdad, sin embargo lo que sabemos desde ellos puede no ser cierto, dice Descartes, porque podemos estar durmiendo. No existe la manera de distinguir cuando estamos dormidos y cuando no. Podemos en este momento estar durmiendo y sin embargo estar soñando. Ninguna persona posee la clave para resolver si somos esto o en realidad una ensoñación. De esta manera, todo argumento que tenga que ver con los sentidos es dudable porque estos resultan incapaces de brindar una certeza. Por eso, para Descartes, no podemos confiar en el saber de los sentidos porque éstos nos pueden engañar. 
    Ahora bien, nos engañen los sentidos o no, sea esto un sueño o no, las leyes de la matemática y la lógica permanecen. En todo sueño dos más dos es igual a cuatro, sin embargo también puedo dudar de la matemática. 
    Podemos imaginar que existe un ser lo suficientemente malvado que no tenga otra intención que la de hacernos siempre el mal engañándonos en todo lo que nosotros suponemos que es de una manera, como por ejemplo creer que dos más es cuatro cuando en realidad puede no serlo. Por eso, para Descartes tanto el saber matemático y lógico no es seguro porque generan duda. 
    Entonces, si tanto los sentidos como el saber matemático y lógico no pueden brindar una certeza porque caen en la duda, ¿Existe realmente un conocimiento certero?
    Descartes llega a una certeza y es que existe una sola cosa de la que no podemos dudar y es que estoy dudando. Nos engañe el genio maligno o no, nos engañen los sentidos o no, de lo que no podemos dudar es que estamos justamente dudando. 
    Dudar es una forma de pensar y si pensamos entonces es que existimos. Mientras pensamos que no podemos estar seguros de nada, sólo de una cosa sí podemos estarlo y es que estamos dudando.     Por lo que, si dudo y pienso, es porque entonces existo.

4 “Dios ha muerto” - Friedrich Nietzsche


La filosofía de Nietzsche es una filosofía que, después de casi 150 años de haber sido escrita, sigue muy vigente. Su filosofía nos permite pensar no solo el lugar de la humanidad en el mundo, sino el mundo en su totalidad. Disrumpe provocativamente, nos ofrece una manera completamente diferente de pensar la realidad tal como la tradición filosófica de Occidente la venía pensando hasta ese momento.
    El libro Así habló Zaratustra es un libro que Nietzsche lo escribe entre 1883 y 1885 y se lo puede interpretar como una parodia del Nuevo Testamento cristiano en el que el Zaratustra vendría a ser una especie de Jesús nietzscheano que viene a predicar. 
    Es muy fácil asociar a Nietzsche con el ateísmo, sobre todo, por su famosa formulación acerca de la muerte de Dios. Sin embargo, si hay algo que Nietzsche no es, es que no es un ateo porque su filosofía es una filosofía que cuestiona las certezas y un ateo tiene una certeza, que Dios no existe. 
    En Nietzsche es otro el panorama. Es un pensador que nos arroja al revés, es decir, no apunta a la construcción de un sentido, sino más bien a la demolición de todo sentido para arrojarnos en un sinsentido originario. De ahí que su filosofía sea conocida también como filosofía del martillo.
    El Zaratustra es una especie de profeta y es el protagonista principal de la obra de Nietzsche que, a los 30 años, tiene como una revelación. Se instala en un monte a pensar, allí está diez años, hasta que siente- dice el texto- que está listo para venir a dar. A dar significa a instruirnos, a hacernos pensar, a provocarnos. 
    En cierto tiempo, Zaratustra regresa a la ciudad y llega al mercado a presentar al Superhombre, pero también viene a decir algo peor: Estamos viviendo los tiempos del último hombre. Este último hombre, cuando Zaratustra lo describe, está describiendo a la gente que le está hablando. Allí también les dice: Quédense tranquilos, que ya llega el superhombre para que todos podamos salir de esta prisión y pasar a ser otra cosaPero, ¿Qué hace la gente del mercado? Le responde que no, que todavía prefieren al último hombre. 
    La gran crítica que en todo Zaratustra le hace Nietzsche a la idea de humanidad es su creencia de que es algo definitivo, cerrado, absoluto que ha olvidado su contingencia y finitud para seguir grandes valores entendidos como verdades absolutas. Ante este espectáculo en donde el Zaratustra es ignorado por la gente es que dice su famosa frase Dios ha muerto
    Quizás sea una de las frases más famosas e importantes en toda la obra de Nietzsche. La misma aparece en dos momentos, al inicio y al final del Zaratustra. Ahora bien, ¿Qué significa realmente la frase Dios ha muerto? ¿Quiere decir que efectivamente dios murió?
    En algún momento de la historia, dice Nietzsche, la humanidad necesitó crear un principio ordenador para tolerar y soportar la incertidumbre de una existencia que siempre se nos escapa de las manos. Pero, para que la metáfora de Dios funcione, el hombre tuvo que olvidarse de que justamente era una metáfora. Porque si el hombre fue quien creó la metáfora de Dios para calmarse, pero al mismo tiempo entiende que es una creación propia ésta no funciona. Por eso, se hizo culturalmente la idea de un dios autónomo y trascendente al humano como plantean la mayoría de las religiones.
    En otras palabras, para Nietzsche, Dios no es más que una metáfora creada por el hombre. La muerte de Dios simboliza la caída de todos los valores y verdades absolutas heredados por la cultura occidental, incluida la idea misma de Dios. 


Conclusión


Toda frase filosófica no es una frase soltada al viento porque sí, sino que cada una engendra un significado interior que apunta al replanteo constante de nuestra existencia y de la realidad. Busca conmover, zamarrear, visualizar y pensar desde otra mirada todo aquello que se nos presenta como obvio e incuestionable.

domingo, 9 de junio de 2024

Los momentos para filosofar


En la vida cotidiana estamos sumamente ocupados con nuestras actividades diarias. Tenemos poco contacto con la naturaleza y estamos como encerrados en nosotros mismos. 
    No obstante, al mismo tiempo existen determinados momentos que nos predisponen a filosofar y nos posibilitan pensar nuestra existencia desde otra perspectivas.

En el día a día, cuando transcurre la rutina no estamos pensando todo el tiempo de forma filosófica. Pero si de repente, nos damos cuenta de que algo falla, pensamos qué hacer y allí es cuando aparecen las preguntas. 
    De tanto pensar nos sobreviene una situación de inestabilidad que nos conmueve y nos dispara la inquietud de saber por qué nos está pasando esto. Esas situaciones pueden ser entendidas como crisis y donde parece romperse algo en nuestro interior.
    Según el filósofo alemán, Karl Jaspers en su libro La filosofía determina que existen al menos tres momentos para filosofar: la duda, el asombro y las situaciones límites. Pero, desde mi punto de vista, esta consideración si bien es válida se le añaden dos momentos que generan la misma sensación disruptiva de lo cotidiano y que también poseen un poder que nos incitan a sumergirnos en la pregunta filosófica. Estos momentos también lo son los cambios de estación y los días domingos.

    A continuación, veamos de qué trata cada uno:

La duda


Normalmente ante aquello que se nos presenta como naturalmente establecido, obvio y normal, es poco probable que cuestionemos su origen porque se entiende que si existe es porque tiene un propósito, una utilidad y un porqué.
    No obstante, en la cotidianeidad pueden surgir cierta situaciones en las que esa normalidad de la que acostumbramos se encuentre interrumpida por “algo”, generando en nosotros una profunda sensación de incertidumbre. Es allí donde nos suscita la duda.
    Cuando la duda aparece nos genera zozobra, inquietud e incomodidad porque desestabiliza los cimientos de nuestro marco conceptual de conocimiento, haciendo que comencemos a interrogar lo que sabemos.  Advertimos que todo saber puede fallar y desconfiamos de ese saber.  
    De esta manera, la duda puede ser entendida como un primer momento para filosofar cuando es utilizada como un momento de indagación y de cuestionamiento de lo que en un primer momento fue aceptado como válido e indiscutible. Con la duda, lo que nos parecía obvio resulta que luego es falso.

El asombro


El asombro es un término cuya etimología permite ser entendido como la ausencia de luz o como aquello que permanece en las sombras. Se está en la sombra con respecto al conocimiento, que como luz nos viene a iluminar para salir de la penumbra que es la ignorancia. 
    Este salirse de las sombras nos provoca admiración y viene a darnos cuenta de que no lo sabemos todo, sino que ignoramos demasiado. Por eso, es que preguntamos por aquello que nos causa asombro ante lo inesperado.
   En este sentido, el asombro puede ser entendido también como un momento para filosofar porque nos permite preguntarnos el porqué y hacer filosofía desde la perplejidad y desde la extrañeza.

Las situaciones límites


A lo largo de la vida las situaciones a las cuales nos enfrentamos son dinámicas y nos generan diversas respuestas de nuestra parte. 
    Sin embargo, existen otras situaciones que no cambian a lo largo del tiempo y no pueden resolverse. Estas situaciones resultan ser fundamentales, definitivas, nos revelan nuestros límites y a la vez nos dan un baño de humildad: no podemos no morir, no podemos no sentir dolor, no podemos no angustiarnos.  
    Por lo general, nos damos cuenta de estar en una situación límite cuando vivimos momentos difíciles que nos predisponen a pensar en la finitud de la existencia como resulta la muerte de un ser querido, la enfermedad de un familiar o el fracaso amoroso.  
    De esta manera, las situaciones límites nos llevan a tener conciencia de nuestros límites y nos predisponen a emprender el camino del filosofar, porque de ellas surge necesariamente en nosotros la pregunta por el sentido de las cosas.

Los cambios de estaciones 


Es indudable que el clima tiene una incidencia fundamental en nuestro cuerpo y de acuerdo a cómo resulte estar el día,  también lo va a estar nuestro ánimo. 
    ¿Quién alguna vez no se preguntó por qué en los días soleados uno tiende a estar más feliz que en los días nublados? ¿Por qué la gente se siente un poco más decaída en invierno que en verano?
    Los cambios de estación afectan nuestros ritmos de vida porque los hábitos se ven contrariados y eso nos afecta. Con el verano o la primavera, solemos pasar más tiempo fuera de casa y alargar la hora de irse a dormir. Mientras que en otoño e invierno realizamos más actividades en casa y eso nos da modorra. 
    Con el mal tiempo y las condiciones climatológicas adversas también ocurre algo similar. Cuando llueve o está nublado solemos sentir tristeza, melancolía o mal humor, en cambio cuando está soleado y despejado tendemos a estar más alegres y de buen humor.
    Si bien parecería que no hay una explicación fundamentada acerca de este vínculo entre el clima y nuestros pensamientos, sí se puede decir que estas variaciones temporales y emocionales pueden servir también como punto de partida para la reflexión filosófica.

Los domingos


Los días domingos representan el fin de semana, pero a la vez marcan el inicio de lo que va a venir y de lo cual ignoramos cómo será. De allí que estos días tengan cierto aire de incertidumbre y de angustia. 
    Los domingos son el día de descanso de la semana donde la mente se distiende por completo porque no se encuentra ocupada como sucede en la rutina semanal. Por eso, estos días nos brindan ese sentimiento de libertad que otros días no tienen y esa distensión mental es la que nos puede predisponer a pensar de una manera más reflexiva y existencial. 
    Escaparle al pensar cotidiano que nos apega a vivir una existencia inauténtica en el que uno se encuentra confundido en la masa y no es nadie, sino uno más. El filósofo alemán, Martin Heidegger lo entendía como el impersonal “se”. Pensar lo que se piensa, sentir lo que se siente, desear lo que se desea. Esa totalidad de la que el humano es parte y que se relaciona a la reproducción de las ideas que se creen como propias, sin embargo, estas no son más que formatos previos y preestablecidos de los cuales, el humano, se encuentra inserto. 
    Por eso, los días domingos si bien pueden ser entendidos como el momento de descanso de toda una semana de trabajo, también pueden entenderse como una oportunidad para filosofar, porque nos devuelve esa conciencia de finitud que tapamos en el día a día y a vivir una existencia más auténtica. 


Conclusión


Como se ha visto, no estamos todo el tiempo haciendo filosofía porque durante la mayor parte del tiempo vivimos concentrados en cuestiones que nos demanda la rutina y el trabajo. 
    Más allá de esto, es importante saber que también existen determinados momentos en los que, si uno los aprovecha, pueden ser el punto de partida para hacer filosofía y pensar todo desde otra perspectiva. 







sábado, 1 de junio de 2024

¿Qué es la filosofía?


¿Qué es la filosofía? ¿Se la puede definir en un concepto? ¿Puede ser entendida como una ciencia, técnica o un arte? ¿Para qué nos sirve?  ¿Tiene alguna utilidad en nuestras vidas? Desde sus inicios a la actualidad, la filosofía ha sido entendida y definida de diversas formas, sin embargo parece no quedar en claro lo que realmente es y cuál es su verdadero espíritu. 

Primero que nada hay que comprender que definir es poner límites o fronteras a un concepto, encuadrarlo en una idea para separarlo de otras fronteras y no confundirlo. Entonces si buscamos definir a la filosofía en un concepto, ¿No estaríamos haciendo lo contrario de lo que justamente es la filosofía? ¿Acaso hacer filosofía no es resquebrajar esas fronteras? ¿No se estaría limitando a la filosofía a un simple concepto encasillado? 
    Ahora bien, supongamos que queramos definirla, entonces se podría buscar una primera respuesta en la definición misma del término: “la filosofía como amor a la sabiduría". Esta idea nos permite pensar a la filosofía como un acto de amor, pero, ¿Se puede amar al saber? ¿Es la filosofía una forma de amar? ¿Realmente la filosofía busca consumarse en un hecho último y concreto como busca hacerlo el amor? ¿Y si hacer filosofía se trata justamente de no encontrar lo que estamos queriendo saber? Y si es así, ¿Para qué nos sirve?
    En sus orígenes, los primeros filósofos eran personas con conocimientos en diversos campos y disciplinas. Muchos de esos primeros pensadores eran a la vez físicos, biólogos, médicos, astrónomos o matemáticos, como Aristóteles, que era famoso en Grecia por su estudio de las ciencias mencionadas. Así y todo, estos hombres también se ocupaban por encontrar respuestas a las mismas preguntas existenciales que hoy perduran: ¿Para qué nacemos? ¿Por qué morimos? ¿Por qué estamos acá cuando no pudimos haber estado? 
    Es por ello que la filosofía pasó a la historia como “la madre de las ciencias”, sin embargo, ¿Se puede afirmar que la filosofía es una disciplina científica? ¿Realmente la filosofía busca darnos soluciones a nuestra vida como pretende hacerlo la ciencia? 
Todo conocimiento científico se obtiene a partir de la observación y el razonamiento, que sistemáticamente estructurados, se deducen en principios y leyes que pueden comprobarse. Pero ¿Puede decirse lo mismo de la filosofía? ¿Es una disciplina que sistematiza su saberes para brindar una solución a los problemas cotidianos?
En primer lugar, hay que entender que la filosofía no busca brindar respuestas o soluciones a los problemas, más bien busca crear problemas mediante la pregunta. Por lo que, si uno pretende buscar en la filosofía un medio para la resolución de los conflictos, de entrada ya se está equivocado. Así como el martillo es para el carpintero su herramienta principal para la filosofía es la pregunta, pero no cualquier pregunta sino más bien la pregunta que apunta al fundamento de las cosas: la pregunta por el porqué.
    Carl Sagan solía decir que en ocasiones cuando un niño le pregunta a sus padres ¿Por qué el césped es verde? o ¿Por qué el cielo es azul?, a menudo los adultos suelen ridiculizarlos con respuestas tipo “Oh hijo, no hagas esas preguntas tontas”. Sin embargo, lo que los adultos desconocen es que son dos preguntas extremadamente profundas.  En ambos casos, las preguntas del niño son filosóficas porque se dirigen hacia el fundamento de las cosas, una apunta a la biología y el otro a la física, por eso es que se dice que los niños son filósofos, debido a su capacidad de preguntarlo todo todo el tiempo. 
    La filosofía se inicia con ese tipo de preguntas, interrogantes que no se estancan ni buscan un saber cerrado y definido, sino que se prolongan de forma infinita en la pregunta misma. La pregunta por el porqué es una pregunta que socava el fundamento de las cosas mismas y a la vez es infinita porque habilita a que se pueda preguntar por todo. A medida que se intenta responder nos damos cuenta de que es una pregunta imposible porque cómo hago para responder a la pregunta ¿Por qué morimos? o más bien ¿Por qué nacemos? Cualquiera de las dos, ninguna puede responderse. 
    Otra cuestión es que el saber que obtiene la ciencia no se cuestiona y además se entiende como verdadero porque puede evidenciarse. Por su parte, la filosofía permite que todo pueda ser cuestionado de forma permanente haciendo que todo sea inestable. La filosofía logra que todo aquello que se considera como establecido como verdadero e inalterable muestra sus fisuras y sus grietas. En un mundo y en una realidad que parece tener un fundamento y una respuesta para todo, donde todo justamente tiene un porqué, una razón, un motivo de ser y un sentido último, con la filosofía parece no tenerlo.  
    Pero entonces, si la filosofía no es una ciencia, ¿Qué es?, ¿Y si la filosofía es un arte? ¿Realmente la filosofía busca concretarse en un producto acabado como resulta ser una obra de arte en un museo? 
    Algunos filósofos, como Nietzsche y Derrida, consideraban que el discurso filosófico tiene mucho más que ver con la poesía que con el de disciplina científica, es decir, entendían a la filosofía como una rama de la literatura, y si es literatura entonces es un arte.  Y esa familiaridad con lo artístico se vincula al efecto que replican, tanto el arte como la filosofía, en la capacidad de conmover, movilizar, desestabilizar nuestra posición natural para mirar a las cosas desde otra perspectiva de la que se acostumbra.
    No obstante, que el arte y la filosofía compartan ese efecto desestabilizador no garantiza que sean los mismo. Por lo que parecería que esta idea tampoco terminar de cerrar del todo porque si la filosofía no busca certezas y mucho menos un conocimiento acabado y se entiende que en todo arte lo que se pretende es llegar a representar un sentimiento o  un estado de ánimo en el objeto artístico, entonces la filosofía no es un arte porque no persigue nada en concreto. 
    Por lo tanto, si la filosofía no es una forma de amar, ni tampoco una ciencia y mucho menos un arte, ¿Qué es realmente?
    Quizás la forma de entenderla sea evitar querer encontrarle una definición exacta de lo que realmente es la filosofía  y debamos considerar a la misma, ni más ni menos, como una forma de pensar alternativa a la habitual, para mostrarnos que las cosas tal vez no sean como creíamos que eran. ¿Pero y si es una manera pensar entonces no estamos pensando siempre? ¿Acaso no estamos todo el tiempo haciendo filosofía?
    La respuesta es no. No pensamos todo el tiempo de manera filosófica porque lo que con ella se propone es otro tipo de pensamiento al que habituamos. Se trata de un pensamiento que no acaba en la resolución y en la concreción de algo específico, sino que jamás se concreta. 
    En definitiva, la filosofía puede ser entendida como un estado existencial en el que uno se predispone a pensar sobre su finitud. Una pregunta que viene a sacarnos de una existencia rutinaria y cotidiana de la que estamos apegados para olvidar que perecemos  como todas las cosas. 
    La filosofía viene a recordarnos que somos seres mortales y nos permite pensar nuestra existencia y este mundo de una forma distinta a la que comúnmente hacemos en la cotidianidad. 
    Así si bien la filosofía no tenga una definición unívoca, la misma puede ser entendida como una invitación a pensar para desnudar que el todo tal vez no tengan un fundamento o más bien porqué no permitirnos pensar que nada propiamente deba tenerlo. 

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