¿Quién no alguna vez se sintió angustiado al pensar en el porqué nos tenemos que morir? ¿Por qué somos esto cuando pudimos haber sido otra cosa? ¿Por qué estas preguntas nos angustian? ¿Por qué la filosofía, en lugar de traer sosiego, nos genera aún más angustia? ¿A qué se debe esta relación entre la filosofía y la angustia?
En esta ocasión, indagaremos cómo el pensamiento filosófico puede llevarnos a la ansiedad, la incertidumbre y la duda, y cómo podemos enfrentar estos sentimientos para encontrar una mayor comprensión y equilibrio en nuestras vidas.
La filosofía y la angustia: una relación inherente y necesaria
Cuando estamos angustiados, es común sentir una presión en el pecho o una sensación de ahogo difícil de describir en palabras. De allí que el significado de la palabra angustia se relacione con el término ángor, que significa precisamente "opresión en el pecho". Además, su raíz tiene cierta relación con términos como "angosto", "angostura" y "estrechez".
Pero, ¿Qué relación existe realmente entre la filosofía y la angustia? ¿Qué vínculo puede haber entre esa incomodidad en el pecho y la filosofía?
Uno de los primeros motivos por los que la filosofía se vincula con la angustia se debe a su capacidad para cuestionar lo que consideramos certezas. Al poner en duda la realidad, la existencia y el sentido de la vida, nos enfrentamos a la incertidumbre de preguntas sin respuestas definitivas. Este estado de no saber puede provocar una profunda sensación de inestabilidad y ansiedad que deriva en angustia.
La incertidumbre, la sospecha y la duda son esenciales para el pensamiento filosófico. De hecho, filósofos como Sócrates o Descartes, por ejemplo, nos animan a cuestionar todo, a no aceptar nada como verdad absoluta sin antes dudar de ello. Esta búsqueda de respuestas es lo que puede llevarnos a confrontar nuestra propia ignorancia y, por ende, también ponernos cara a cara con la angustia.
Cuando hacemos filosofía, ingresamos en un estado de inestabilidad porque se plantean preguntas que quedan abiertas e indefinidas. La filosofía nos angustia porque no encontramos una solución o una respuesta definitiva que nos conforte, dejándonos con la incertidumbre de la pregunta originaria por el porqué. Por eso es que la filosofía no resuelve problemas, sino que los crea a través del cuestionamiento, y por eso nos angustia.
¿Cuál es la diferencia entre la angustia filosófica y las demás angustias cotidianas?
La angustia que surge de la filosofía es muy diferente de las demás angustias cotidianas. Las angustias que nos surgen cotidianamente, como bien puede ser una deuda, la falta de trabajo o un desamor, desaparecen ante la resolución del problema que las generó.
En cambio, la angustia filosófica es una angustia que nunca se resuelve, sino que permanece abierta y esto se debe en gran parte a que la filosofía nos enfrenta a la realidad de nuestra existencia y, en última instancia, a la muerte.
Este concepto, conocido como angustia existencial, es la sensación de ansiedad y miedo que nos surge al reflexionar sobre la finitud de la vida y nuestra mortalidad. Es una angustia que no puede resolverse porque, ante la muerte y el paso del tiempo, no podemos hacer absolutamente nada. Por eso, la angustia filosófica jamás se resuelve.
Obviamente, pensar en la muerte no es agradable, pero es un tema central en la filosofía. Muchos pensadores han explorado cómo la conciencia de nuestra mortalidad influye en nuestras vidas. Platón cuenta en el Fedón que Sócrates y sus alumnos, mientras esperaban en la celda a que el guardiacárcel trajera la cicuta para su ejecución, el filósofo dedicó los últimos minutos de su vida para hablar de la muerte ante la impaciencia de sus alumnos por el inminente final.
La muerte nos genera esa sensación de desasosiego. Sabemos que va a llegar, aunque a veces entendamos que puede ser a destiempo. Se supone que venimos con un ciclo natural de duración y la muerte tendría que ser coherente con el final del ciclo; sin embargo, sabemos que puede venir más temprano y eso nos angustia. Sabemos que vamos a morir, pero queremos que no sea ahora, aunque puede serlo ya mismo.
Pero no se trata solamente de una cuestión de conciencia, sino de una preparación espiritual frente a su venida. Sócrates se muestra inquebrantable y les dice a sus alumnos que la ausencia de su miedo frente a la muerte inmediata tiene que ver con ese trabajo que ha venido realizando desde siempre: la filosofía es un ejercicio para la muerte. La filosofía como una herramienta de interrogación frente a lo finito y como desarrollo madura ante su llegada. Nos prepara para el momento aunque no sabemos cuándo.
Vivimos sabiendo que nos vamos a morir y eso es lo constitutivo de nuestra condición humana. Cualquier situación límite nos arroja impunemente al desocultamiento de ese olvido. Sabemos todo el tiempo que nos vamos a morir, pero todo el tiempo lo olvidamos. Hay algo en el olvido que nos permite funcionar en el día a día.
Martin Heidegger decía que la angustia es una condición humana esencial. En su obra Ser y Tiempo, habla del ser-para-la-muerte, la idea de que nuestra existencia siempre está dirigida hacia nuestra finitud. Esto puede generar una profunda angustia que no se cura ni se combate, sino que se asume. La angustia, para Heidegger, nos hace conscientes de nuestra finitud y nos recuerda que nada es absoluto ni definitivo, colocándonos en una relación diferente con las cosas, haciéndolas parecer superfluas.
Para huir de la angustia, nada mejor que sumergirse en la cotidianeidad, en sus instituciones, vínculos y cosas. Sin embargo, esto solo disimula la realidad y la angustia, afortunadamente, nos devuelve la pregunta por el sentido de la existencia.
La filosofía nos enseña que muchas de las creencias que consideramos verdades son, en realidad, construcciones temporales y revisables. Esta inestabilidad del conocimiento puede provocar una sensación de inseguridad y, por lo tanto, de angustia.
La filosofía como herramienta para afrontar la angustia
Aunque la filosofía nos genera angustia, también nos ofrece herramientas para enfrentarla. Reflexionar sobre grandes preguntas puede ayudarnos a crecer como individuos, encontrar un sentido personal y vivir de manera más auténtica.
Para sobrellevar la angustia filosófica, es importante aceptar la incertidumbre y la falta de respuestas definitivas como parte de la vida. Esto puede ayudarnos a vivir con más serenidad. La filosofía no debe ser vista únicamente como una fuente de angustia, sino como una oportunidad para el crecimiento personal y la búsqueda de una vida con sentido.
La filosofía no nos brinda respuestas absolutas sobre la muerte, sino más bien oportunidades para pensarla desde diferentes perspectivas de las que comúnmente se acostumbra. Esa oportunidad de pensarla distintamente es, a la vez, un ejercicio para quitarnos el miedo ante la venida de la muerte.
Conclusión
La filosofía nos lleva a cuestionar, dudar y enfrentar nuestra existencia de maneras que pueden ser angustiosas. Sin embargo, esta misma angustia puede ser una oportunidad para el crecimiento personal y de la vida. Aceptar la incertidumbre, reflexionar sobre nuestra mortalidad y compartir nuestras inquietudes con otros resultan ser las formas para convertir la angustia filosófica en una herramienta para vivir más plena y auténtica.
La filosofía, aunque desafiante, es una herramienta esencial para comprendernos a nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario